La minificción juega con la sensatez del lector. No puede este valerse de la sensatez cuando lo que tiene ante sus ojos es un texto que se burla “inocentemente” de su sentido común; que además es una cosa y es otra (o puede serlo); y que se muestra sin pudor ante la hecatombe que puede producir su lectura. En fin, la minificción es un género sin género, que atraviesa como puñal el umbral de la coherencia y la precisión del lector. Juega con la ambigüedad que implica un texto literario: Ópera Habían puesto detectores de metales y toda suerte de medidas de protección para evitar que contra el Jefe se ejerciera alguna agresión. Los guardaespaldas hacían más impenetrable el anillo de seguridad. El Jefe ocupó la butaca reservada y esperó, junto a los pocos asistentes a la primera obra de la temporada de ópera, que subiera el telón. Una rubia de inmensos senos saltó a escena e interpretó un aria metálica, hon...
Blog de Geraudí González