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La minificción: Algo sobre sus formas y presentaciones

Hace un tiempo atrás, me pidieron escribir algo sencillo sobre el género que cultivo con mayor devoción: la minificción. Debía ser un texto sencillo y comprensible para aquellos que tal vez no tenían ningún acercamiento al género breve. He aquí lo que resultó.
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Entender la brevedad en estos tiempos puede resultar de la convivencia de factores que nos enmarcan la existencia diaria y que nos conectan con la celeridad del tiempo que nos ha tocado vivir. Así tenemos que, lo que nos rodea está afectado por la rapidez a la que nos conduce la vertiginosa experiencia del día a día. Y en ese sentido, la literatura no escapa de esta urgencia habitual.
La novela y el cuento son géneros que se han estudiado en la literatura universal bajo el respeto de las formas y las características que los configura. Sin embargo, en ese enjambre de textos que los conforma, empezaron a darse estructuras que se salían de la horma de la novela y el cuento, entendida estas como las formas literarias narrativas que reinaban en principios del siglo pasado. Fue así como se inició un recorrido en el que las formas breves marcaban una pauta sin ni siquiera tener conciencia de lo que se estaba gestando a partir de lo que se consideraba la forma breve de naturaleza narrativa.
En esa travesía comenzaban a aparecer textos que si bien eran (o son) expresiones narrativas la mayor de las veces, resultaban ser también textos que en apariencia no encajaban en la categoría de cuento. Algunos autores se preguntaban qué cosa era lo que escribían y observaban con duda que no tenía los elementos propios de un cuento; a veces parecía serlo pero con una extensión muy pequeña y dejando de lado muchos de los elementos que lo constituyen. Así pues, se levanta un “subgénero” que sale del formato tradicional y que comienza entonces a ser visto como una nueva cosecha entre los escritores, quienes, conscientes o no, se plegaban a esta nueva “forma narrativa”.
 En este sentido, se conecta esta reciente manera de plantear lo breve con otras formas, literarias o no, porque lo interesante de esta nueva ficción es que el discurso literario se mantiene (si no, dejaría de ser literatura) pero alterna con otros discursos que esencialmente no lo son. Veamos el siguiente texto de Guillermo Cabrera Infante y observemos su estructura, similar al de una famosa canción cubana que interpretaba la artista cubana Rita Montaner.

CANCIÓN CUBANA (Guillermo Cabrera Infante)
¡Ay, José, así no se puede!
¡Ay, José, así no sé!
¡Ay, José, así no!
¡Ay, José, así!
¡Ay, José!
¡Ay!

El juego amoroso encuentra asidero en esta lúdica reunión de expresiones lingüísticas que se van reduciendo hasta convertirse en una interjección que termina por concretar el jaleo erótico entre un hombre y una mujer.
Ahora bien, esta brevedad tiene nombres variados: microficción, microrrelato, ficción brevísima, minicuento, minificción, entre otras. Estas acepciones intentan atrapar la esencia de estos textos breves; sin embargo, su configuración va mucho más allá de la simple sumatoria de palabras, caracteres o cuartillas.  La brevedad es solo un visto bueno que sale de primero en la lista, pero que a él le siguen otras características tan importantes como la fugacidad de su extensión. Dice Violeta Rojo, su principal crítica y estudiosa en Venezuela, que la minificción (como suele llamarla) es un género híbrido, proteico; es decir, un género que asume formas lingüísticas y literarias de otros discursos y géneros; dígase, la poesía, el aforismo, la greguería, el chiste, el aviso clasificado, el ensayo, la instrucción, entre otros. Veamos los siguientes ejemplos.

INSTRUCCIONES PARA EL MANEJO DE ESTE POEMARIO (Adalber Salas H.)
Abra las páginas suavemente
como quien ya sabe que los libros
no son para hablar de ellos
y ya ha aprendido a hacerles el amor.

No busque el índice;
sométase al azar fecundo de las páginas.

Confíe en los verbos
y entréguese a su fiebre.
Mantenga este producto alejado de manos
que no conozcan el acto gratuito
o el amanecer inexplicado
y de hombres que hayan cambiado su mirada
por puñados de sal.

Consúmase en pequeñas dosis.
Recuerde que ésta es una mezcla patológica y patologizante.
una falsedad absolutamente cierta
y por lo tanto debe manejarse con cuidado.

En caso de emergencia
            abra bien los ojos
                         y rompa la imagen.

Si la emergencia persiste
rompa los ojos.

Al finalizar la lectura
deposite el libro en la calle
y préndale fuego 

                                para que las palabras retornen
                                      al humo del que escaparon.

INSTRUCCIONES PARA LLORAR (Julio Cortázar)
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
CLAVOS DE NACIMIENTO (Arnaldo Jiménez):
Pertenecen a una sola superficie, generalmente el sitio donde nacieron. Allí se quedan y mueren sujetando un lugar, hundiéndose con el martilleo del tiempo. Danzan, se visten, inventan sombreros y longitudes.

DUENDES DE CASAS OLVIDADAS (Arnaldo Jiménez)
Festejan las mudanzas y coleccionan objetos dejados en diferentes sitios de las casas. También celebran las muertes de los habitantes, sean accidentales o no, pues la eliminación de los habitantes se traduce como el acecho del olvido a los albergues, a los hogares. Aunque son esencialmente nómadas, una vez que el olvido ha crecido en forma de matojos y telarañas, polvos almacenados y paredes descascaradas, pueden permanecer décadas dentro de esas casas sin formar ningún tipo de familia. Al nacer, sus cuerpos son pálidos, pero luego adquieren la tonalidad de los musgos y los mohos, sus alimentos preferidos. En aquellos casos en que las casas sean habitadas nuevamente, ellos esperan un tiempo prudencial para verificar si la casa efectivamente se dejó habitar, si esto no ocurre, entonces emergen en el aire limpio y pueden generar imágenes de objetos que caen solos, bebés ahogados en pipotes o pesadillas con armarios que nunca abren.
Las instrucciones de Adalber recuerdan a las de Cortázar en aquellas Historias de cronopios que tanto dieron de qué hablar en sus tiempos de publicación, y que hoy, podemos sin temor alguno, meterlas en el saco de las minificciones, sin que por ello pierdan estos “ejercicios narrativos”, la grandeza con la que fueron creados.

Asimismo, los textos de Arnaldo, semejantes a un ensayo hiperbreve con luces de narratividad, dejan ver el golpe certero de la minificción, pero sin contar necesariamente alguna historia en su interior; de haberla, el lector la intuye y la asume como parte del juego de palabras que Jiménez hace con sus duendes y clavos, entre otros elementos que también toma para establecer una especie de “cosario”, al mejor estilo de los bestiarios de Cortázar. Y siempre ajustados en el cuerpo de la minificción. ¿No es eso, acaso, lo que buscamos quienes estudiamos estas formas breves?

Nos vemos a la brevedad...

Comentarios

  1. Excelente articulo sobre la minificción... claro, conciso y con ejemplos que nos ayudan a clarificar, a comprender que hasta en la escritura se ha evolucionado.. acorde real y verdadera con el tiempo que vivimos, acelerado, rápido.Decir cosas en forma,sintetizada simple de manera hermosa y que se entienda. Buena pluma de Geraudi Gonzalez...

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    Respuestas
    1. Gracias, Chela! En este camino andamos, en esta comarca nos seguimos encontrando. Un abrazo!

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