Hallar así, de repente a un autor de cuentos muy breves, siempre resulta ser una tarea agradable. En esta oportunidad, es Enrique Andersen-Imbert quien ocupa mi atención. De este prolífico intelectual argentino, nacido en la ciudad de Córdoba a principios de siglo pasado, 1910 para ser más exacta, es bastante lo que puede decirse: novelista, cuentista, y muy especialmente, crítico literario, que hasta hace poco era el terreno en el que más lo conocía. Sin embargo, leer algunas ficciones breves suyas, ha resultado ser un encuentro animado por la curiosidad del tema de lo lúdico, lo pérfido y lo maligno en la conducta humana y en lo que está más allá de la vida terrenal. Así, una mañana de recorridos por la Plaza Altamira en pleno Festival de la Lectura de Chacao, en Caracas, casi tropecé con el libro Cuentos en miniatura , una antología de este autor argentino, en el stand de la editorial de una conocida universidad venezolana. Allí, en una mesa con libros apilados a precio de ...